A nada que nos interesemos un poco por la política internacional nos habremos dado cuenta que en la mayor parte de los países musulmanes tienen, unos con más rigorismo que otros, la sharia (ley islámica) como máximo código legal. La sharia no es más que una interpretación que hacen los jueces, la mayor parte de las veces con alguna dignidad religiosa, del Corán aplicado a la vida diaria.


Los homosexuales en los países musulmanes no lo tienen fácil para desarrollar su afectividad y sexualidad. Excepto Turquía, régimen laico por la gracia de su ejército, el resto de los países persiguen con saña a los homosexuales imponiéndoles penas que desde una óptica occidental vulneran los más básicos derechos humanos. Uno de los países que con más saña persigue a los homosexuales es Irán.
En una de las últimas intervenciones públicas, con motivo de su visita a la Universidad de Columbia, el presidente iraní gracias a un pucherazo electoral en toda regla, afirmó que las mujeres iraníes son las más libres del mundo (siempre que les dejen sus maridos) y que en Irán no existen los homosexuales. Textualmente dijo ?nosotros no tenemos de eso?.
La realidad iraní es completamente diferente a lo que afirma su líder. La Organización Gay Iraní (IRQO), que actúa desde los Estados Unidos luchando por los derechos de los homosexuales que viven en Irán, informa que en la mayor parte de los casos antes de ser ajusticiados los homosexuales son torturados, humillados, violados y dejados en manos de otros presos que se encargan de hacer su vida carcelaria un suplicio añadido.
Además de que en la mayor parte de los casos aquellos que son declarados culpables de homosexualidad son ajusticiados, antes de ser sometidos a la pena capital, son flagelados en público. El número de latigazos es determinado por la sentencia judicial.
Fuente: El Mundo | Imagen: Tony the Misfit


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